Inicio de año: cuando las metas pesan más de lo que motivan

Empieza el año y, como es costumbre, reflexionamos sobre lo vivido y aprendido el año pasado. Desde un lugar aspiracional comenzamos a plantearnos nuevas metas, como si fuera un borrón y cuenta nueva.

Nos proponemos hacer más ejercicio, comer más sano, dejar el azúcar, ahorrar dinero, entre muchas otras cosas.

Y es que el problema muchas veces no es plantearnos metas, sino desde el lugar que las elegimos.

Miramos a nuestro alrededor y tendemos a compararnos, como si la vida fuera una competencia: quién es más fuerte, quién logra más, quién avanza más rápido.

Así, aquello que en un inicio busca nuestro bienestar, poco a poco se transforma en presión y autoexigencia.

Nuestro diálogo interno se va endureciendo y, mientras pasan los primeros días del año, esas metas dejan de motivar… y empiezan a pesar.

2. Las expectativas: cuando el deseo se vuelve peso

Las expectativas quizá sean uno de los pesos más grandes en la mochila de las metas.

Se vuelven cada vez más pesadas cuando el deseo se transforma en obligación; cuando el “quiero hacer ejercicio para sentirme mejor” se convierte en “tengo que hacer ejercicio para verme como los demás”.

Entonces, ese anhelo deja de ser guía y se vuelve condición para estar bien.

Cuando no se cumple, el cuerpo empieza a sentirlo primero: tensión, ansiedad, culpa, bloqueo.

Después, casi sin darnos cuenta, aparece la creencia: que nuestro valor depende de lo que logramos y no de lo que somos.

¿Y si el sufrimiento no viene de no alcanzar las metas, sino de que las elegimos desde el miedo a no ser suficientes y no desde el anhelo genuino?

3. Metas vs. realidad

Si soltamos, aunque sea un poco, las expectativas y la presión social, surge una pregunta importante:

¿cómo elegir una meta realista?

¿Qué diferencia hay entre una meta ideal y una meta posible?

Un primer paso es preguntarnos si esa meta nace de la comparación, porque la comparación suele ser una forma de desorientarnos de nuestro propio camino.

Elegir una meta alineada a nuestro bienestar implica considerar el contexto en el que estamos: nuestra salud mental, y los recursos reales con los que contamos para sostenerla, como la energía, el tiempo y el dinero.

También implica preguntarnos:

¿qué momento vital estoy atravesando?

¿Qué metas son congruentes con este momento?

¿Cuáles, en lugar de acompañarme, podrían convertirse en una carga?

Y al momento de ejecutar las metas, es importante recordar que, si no puedo dar los pasos necesarios para lograrlas, quizá no es fracaso.

Es información valiosa que mi mente y mi cuerpo me están dando sobre la meta que elegí.

4. La transformación de mi vision board con los años

En los últimos años, los vision boards se han puesto de moda. Son tableros donde las personas plasman sus sueños a través de imágenes y frases.

Pero, ¿qué pasa cuando lleno mi tablero solo con imágenes elegidas al azar o sin una intención clara?

¿O cuando lo lleno únicamente de imágenes aspiracionales?

Durante mucho tiempo yo los hice así: buscando en revistas o en Pinterest cualquier imagen que llamara mi atención y colocándola ahí.

Y aunque muchas de esas metas y sueños se hicieron realidad, no había una dirección clara ni una verdadera congruencia con quién era. No estaba del todo calibrado ni alineado; era como si esas imágenes vinieran más desde el quiero más que desde el quién soy hoy.

El año pasado decidí hacerlo diferente.

Elegí solo dos metas y una frase.

Hoy escribo frente a mi vision board desde un lugar de agradecimiento y calma, mucho más alineado conmigo. Esas dos metas me llevaron a replantear la forma en la que trabajo y la forma en la que vivo.

¿Qué cambió en mí cuando empecé a elegir metas desde un lugar más consciente y compasivo?

Empecé a bajar mi autoexigencia, a hablarme de manera más cariñosa y a cumplir mis metas desde un lugar de mayor paz.

Claro que no cumplí todo al pie de la letra ni todo fue perfecto.

Pero cuando las cosas no salieron como yo quería, elegí vivirlo desde un lugar más comprensivo y amoroso.

Y lo más importante: en comparación con otros años, disfruté mucho más el camino y a las personas con quienes lo compartí.

5. Conciencia y compasión

Entonces, ¿qué significa realmente elegir una meta desde la compasión?

Significa elegir desde la conciencia de quién soy hoy, entendiendo que mi camino no es como el de los demás ni tiene por qué serlo.

Significa elegir desde el cuidado y no desde la presión; desde un lugar de paz y amor.

Porque ser compasivos no es conformarnos.

Es cuidarnos.

6. Para cerrar con reflexión

Hoy te invito a que, antes de ponerte quince metas de año nuevo, te regales un momento de calma y te preguntes:

  • ¿Qué tipo de año necesita hoy mi cuerpo y mi mente?
  • ¿Qué pasaría si este año no fuera para lograr más, sino para sostenerme mejor?
  • ¿Cómo se vería un inicio de año menos exigente y más humano?

Y después de haber reflexionado, ahora sí, pregúntate:

¿Qué es lo que realmente anhelas este año?

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