Por Rosy López | Pediatra, Educadora y Fundadora de Nana Vida Corazón
Más Allá de la Crianza, un Camino de Sanación Personal
La disciplina positiva no es solo un método para educar a los hijos —es una forma de vida.
Mi nombre es Rosy López, y en esta primera edición quiero contarte por qué este enfoque transformó mi manera de criar, de amar y de vivir. Esta historia no solo explica cómo llegué a la Disciplina Positiva, sino cómo aprendí a reconciliarme con mi pasado y a escribir una nueva historia para mis hijas.
Infancia y Raíces: Cuando la “Mano Dura” se Confundía con el Amor
Nací en la hermosa ciudad de Oaxaca. Crecí, como muchos de mi generación, bajo un estilo de crianza autoritario, rígido e inflexible. Las expectativas eran altas, las emociones reprimidas, y el amor parecía depender del buen comportamiento.
Por años, creí que esa exigencia me había hecho fuerte. Me formé como pediatra, con los mejores promedios y una carrera exitosa. Pensaba que la “mano dura” era sinónimo de disciplina… y la disciplina, de éxito.
Pero la vida me mostró que no siempre el orden externo refleja equilibrio interno.
Cuando el Éxito no Llena el Vacío
Al formar pareja y tener una familia, aparecieron mis primeros focos rojos: inseguridad, miedo al abandono, necesidad de control, intolerancia a la frustración. No sabía cómo gestionar mis emociones ni poner límites sanos.
El día que tuve a mi primera hija en brazos entendí que no quería repetir la historia.
Quería criar desde el amor, no desde el miedo. Pero no sabía cómo hacerlo.
El Encuentro con la Disciplina Positiva
Mi búsqueda me llevó a leer sobre crianza respetuosa y a descubrir el trabajo de Jane Nelsen y Lynn Lott, fundadoras de la Positive Discipline Association (PDA).
Con ellas aprendí que respetar no es consentir, y que eliminar la violencia no significa perder autoridad.
Descubrí herramientas para criar desde la conexión, el respeto mutuo y la responsabilidad. Aprendí que nuestros hijos no necesitan obedecer desde el miedo, sino aprender desde la experiencia, guiados por adultos que también están aprendiendo a sanar.
Fue entonces cuando comprendí que la disciplina positiva no es solo un método educativo; es una filosofía de vida.
Sanar para Criar: La Segunda Oportunidad
Con la llegada de mi segunda hija —y en medio de una crisis familiar— comprendí que el conocimiento no basta.
No podía enseñarles respeto si yo misma no me respetaba. No podía hablarles de límites si no era capaz de poner los míos.
Busqué ayuda terapéutica profesional y descubrí la raíz de mis miedos: las heridas de la infancia.
Aprendí que nuestras relaciones adultas reflejan la forma en que fuimos amados. Que actuamos desde el miedo a ser rechazados, porque así aprendimos a sobrevivir.
Reconocer esto fue doloroso… pero liberador.
Romper Patrones, Honrar la Historia
Comprendí que mis padres también hicieron lo mejor que pudieron con las herramientas que tenían. Ellos también rompieron cadenas y abrieron camino para que yo pudiera hacerlo mejor.
No se trata de culpar, sino de recordar, agradecer y sanar.
La historia no se repite cuando alguien decide transformarla.
Nana Vida Corazón: Honrar el Pasado, Cuidar el Presente
Nana Vida Corazón era una frase que mi bisabuela decía con cariño, intentando suavizar el trato con sus nietos.
Hoy, ese nombre da vida a la escuela para padres que fundé, un espacio donde acompañamos a las familias a criar con respeto, conciencia y amor.
Cada historia puede transformarse. Cada generación puede hacerlo mejor.
La Disciplina Positiva como Filosofía de Vida
La Disciplina Positiva me enseñó que no puedes criar en paz si no has hecho las paces con tu historia.
Sanar al niño interior no es un lujo, es una necesidad para amar sin miedo y criar sin violencia.
🌸 Hoy, como madre, mujer y pediatra, sigo aprendiendo a amar desde la conciencia.
Y tú, si estás leyendo esto, también puedes hacerlo.
💚 Si este texto resonó contigo, te invito a seguir el trabajo de Nana Vida Corazón, un espacio donde la crianza y la sanación caminan de la mano.
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